domingo, 8 de abril de 2012

El Primer Sabio Argentino

  Extraido de Pagina Reales                     

viernes 8 de abril de 2011


                        DrFrancisco Muñiz



Con apenas 12 años, fue herido mientras combatía en la reconquista de Buenos Aires, y acaso así caló hasta su sangre el Destino. A los 15 era partidario de Mariano Moreno, el revolucionario de Mayo, y luego aprendería Medicina con Cosme Argerich, el oficial que en aquellas invasiones inglesas no pudo resistirse a su vocación (se había recibido de médico en España) y atendió a los caídos de ambos bandos. Así como Argerich acompañaría como cirujano a San Martín en San Lorenzo y a Belgrano en otras batallas, Francisco Muñiz, una vez recibido en la recientemente creada Universidad local, iría a brindar sus servicios médicos entre las tropas de la frontera sur.
En esas llanuras observa profundamente a la naturaleza. Toma notas de ciertos caracteres recesivos en el ganado, notas que un día servirán para confirmar sus ideas a otro naturalista de apellido Darwin, y descubre ciertos fenómenos en las ubres de las vacas que echan por tierra algunos conceptos establecidos del viejo mundo, lo cual le llevará a experimentar sus propias vacunas para vacunos. Mientras tanto, la historia no se detiene y tendrá que ser cirujano en jefe del ejército durante la guerra con Brasil. Al regreso, Dorrego lo establece como médico en Luján, y allí permanecerá 20 años hasta 1838, cuando -ante la prohibición rosista de importar vacunas- ya está aportando a la salud pública una de producción nacional.
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No es todo. Muñiz es pionero de la paleontología criolla, colaborando con Ameghino y donando una importante colección de aún novedosos fósiles al Estado. Es el primero en el país en publicar sobre obstetricia y en probar vacunas para la piel. Puede describir el terremoto de 1845 tanto como las voces comunes de nuestra región, y estudiar higiene tanto como climatología mientras publica el más profundo estudio sobre el ñandú o un libro sobre fiebre escarlatina. Reconocido internacionalmente, volverá a la Facultad de Medicina para dirigirla por tres períodos y hasta será varias veces legislador. Pero al hombre inquieto, comprometido con lo que sucede a su alrededor, no le basta el éxito.
En 1859, mientras perduran las guerras fraticidas, siendo el cirujano en batalla es gravemente herido y hecho prisionero por compatriotas. No importa. Para la guerra del Paraguay volvemos a verlo ofreciendo sus servicios voluntariamente. Tiene 70 años. En breve decidirá quedarse en Corrientes y luego retirarse. Pero poco tolera la quietud: en 1871 una epidemia de fiebre amarilla está diezmando a la población de Buenos Aires, y allí va otra vez a ofrecer su ayuda. En esa ciudad donde el provincianito de 12 años había caído herido mientras su maestro Argerich atendía heridos en batalla, ahora el doctor Muñiz de canosas barbas y bajo el ataque de una peste que representaría a su verdadero enemigo de siempre, volvía a caer en cumplimiento de su deber.


(Hoy se cumplen 140 años de esa última batalla, y el suceso parece ahogado en el olvido, aún habiendo sido ayer el Día Mundial de la Salud. La fiebre amarilla de 1871 le quitó a Buenos Aires dos tercios de su población).

Muñiz nació en San Isidro en 1795. A sus 12 años peleó en las calles de la ciudad durante las Invasiones Inglesas. Fue médico military y cirujano de campaña. En Chascomus, mientras trabajaba como médico, comenzó sus primeras colecciones de restos fósiles y estudios de animales. Estudió las adaptaciones de algunos animales a su medio ambiente. Entre ellas la Vaca ñata, estudio que llamó la atención de Darwin con quien se carteó varias veces. Recorrió Chascomus, Mercedes y Luján recolectando fósiles. Hizo una de las primeras colecciones de fósiles del país y descubrio los restos de un animal prehistórico en las orillas del rio Lujan. Murió en la epidemia de fiebre amarilla

viernes, 13 de enero de 2012

Michelangelo di Ludovico Buonarroti Simoni (Miguel angel)

Miguel Angel
Michelangelo di Ludovico Buonarroti Simoni (Caprese, 6 de marzo de 1475 – Roma, 18 de febrero de 1564), también conocido en castellano como Miguel Ángel, fue un escultor, arquitecto y pintor italiano, considerado uno de los más grandes artistas de la historia.

Biografía
Nació en Caprese, cerca de Arezzo, hijo de Ludovico di Leonardo Buonarroti Simone, podestà en el Castillo de Chiusi y de Caprese, y de Francesca di Neri del Miniato del Sera. La familia era florentina, pero el padre se encontraba en Caprese al desempeñar el cargo político de podestà.

El padre le hizo estudiar gramática en Florencia con el maestro Francesco da Urbino. Desde muy temprano mostró sus dotes no solo artísticas para la escultura, en la que empezó a despuntar; a pesar de la oposición familiar, para quien un hijo artista suponía una deshonra, entró el 28 de junio de 1488 en el taller de Ghirlandaio, donde permaneció como aprendiz durante ocho años, pasados los cuales, bajo la tutela de Bertoldo di Giovanni, comenzó a frecuentar el Jardín de los Médicis de San Francisco, donde estudió las esculturas antiguas allí reunidas. El David, vista oblicua, (1501-1504)

Sus primeras obras artísticas suscitaron la admiración de Lorenzo el Magnífico que lo acogió en su Palacio de la Vía Larga entre 1489 y 1492, donde Miguel Ángel se encontró con Poliziano y otros realistas del círculo mediceo, poniéndose en contacto con las teorías absolutistas de Platón, que acabarán por convertirse en uno de los pilares fundamentales de su vida, que se plasmará tanto en sus obras artísticas como en su producción como poeta.

Se cuenta una anécdota en Florencia sobre su estancia en el Jardín de los Médicis y la admiración que sentía por él Lorenzo el Magnífico, que dice así: un día de estos en los que el joven escultor trabajaba con ahínco en su escultura llegó de pronto Lorenzo, con gesto más que arrogante, y ante el trabajo que el Buonarroti realizaba, un busto de un Baco viejo, le dijo casi con desdén que le vendría mejor a ese rostro la carencia de algún que otro diente, que con ello lograría la expresividad del rictus y ratificaría su presunta vejez. Miguel Ángel se sintió tan contrariado ante lo dicho por el Magnífico, que no vio la hora de que se marchase el príncipe, para saltarle un diente a la estatua.

Entre 1490 y 1502 realiza sus primeros dibujos, estudios sobre los frescos góticos de Masaccio y Giotto y los primeros relieves, La Virgen pontificada («La Virgen de la escalera») y la Batalla de los Centauros, conservados en la casa Buonarroti de Florencia, y en los que existe ya una clara definición de su estilo. En ellos se muestra como el claro heredero del arte florentino de los siglos XIV y XV, al tiempo que establece una vinculación más directa con el arte clásico.

Tras la muerte de Lorenzo el Magnífico, en 1492, Miguel Ángel huye de Florencia y pasa por Venecia, instalándose después en Bolonia. Allí esculpe diversas obras tomando su influencia de la labor de Jacobo della Quercia; en el invierno de 1495 regresa a Florencia, entonces dominada por Savonarola.

Al contrario que Leonardo da Vinci, que ve en el fraile a un fanático, Miguel Ángel resulta profundamente afectado por la predicación y del rigor moral del fraile, preguntándose si la iglesia debe ser reformada y suscitando sus primeras dudas sobre el valor ético que ha de darse al arte.

En 1496 decide marcharse a Roma, ciudad que le vio triunfar, iniciando una década de intensísima actividad generadora de arte, al término de la cual, sin haber alcanzado apenas los treinta años, se consagra como un artista puntero.

Antes de 1501 ya había esculpido La Piedad del Vaticano y el Baco de Bargello. En mayo de 1501 vuelve a Florencia. Realiza el Tondo Pitti. En 1504 recibirá el encargo de pintar un fresco en el Palacio de la Señoría: La batalla de Cascina; no se llegó a ejecutar, pero sí el cartón, hoy perdido. Realiza entonces el David, obra cumbre de la escultura y de una gran complejidad por lo estrecho que es el mármol, colocado delante del palacio del Ayuntamiento de Florencia (actualmente en la Galería de la Academia), convirtiéndose en la expresión de los supremos ideales cívicos del Renacimiento. La piedad es su única obra firmada.

Miguel Ángel permanece impresionado por las nuevas ideas pictóricas de la envoltura atmosférica y de la indeterminación espacial y psicológica presentes en los cartones o en los estudios de Leonardo para el grupo de Santa Ana con la Virgen, el Niño y san Juan. El cartón, disperso, dado que el conservado en la National Gallery de Londres no se corresponde con las descripciones iconográficas de Vasari y Pietro da Novellara, fue expuesto, en 1500, en la iglesia de la Santissima Annunziata. Y es casi seguro que Miguel Ángel lo estudió, y de ello son prueba los tres tondi que realizó. Entre 1500 y 1501 realiza el temple sobre tabla con Sepultura de Cristo conservado en la National Gallery de Londres.

Entre agosto y septiembre de 1504 le encomiendan el fresco de La batalla de Cascina, que no llega a ejecutar.

En marzo de 1505, Julio II le llama a Roma y le encarga la realización de su monumento fúnebre, proyectando un complejo de arquitectura y escultura monumental, donde se celebrase el triunfo de la Iglesia más que el prestigio del Pontífice. Miguel Ángel, entusiasmado con esta obra, permanece en Carrara durante ocho meses para ocuparse personalmente de la elección y de la extracción de los mármoles necesarios, pero al volver a Roma el Pontífice, absorbido por los planos de Bramante para la reconstrucción de San Pedro, había archivado los planos del mausoleo.

El 17 de abril de 1506 Miguel Ángel, enfadado, abandona Roma y se dirige a Florencia, pero a finales de noviembre, tras los numerosos llamamientos del Pontífice que le amenazó con excomulgarle, se reúne con él en Bolonia. El papa le asignó un trabajo en Bolonia: una colosal estatua de bronce del papa Julio, que entrega en febrero de 1508, en la iglesia de San Petronio. Esta escultura fue destruida en diciembre de 1511 por rebeldes boloñeses.

Entre marzo y abril de 1508, el artista recibe de Julio II el encargo de decorar la bóveda de la Capilla Sixtina, en mayo acepta y los frescos los concluye cuatro años más tarde, tras un solitario y tenaz trabajo. Idea una grandiosa estructura arquitectónica pintada, elaborando esculturas de potentes musculaturas en dos dimensiones, inspirada en la forma real de la bóveda. Al tema bíblico general de la bóveda, Miguel Ángel interpone una interpretación neoplatónica del Génesis, dando forma a la interpretación de las imágenes que se van a convertir en el símbolo mismo del arte del Renacimiento. La obra se presentó públicamente el 31 de octubre de 1512.

Sin embargo, Miguel Ángel padecería trastornos ocurridos por este largo tiempo en el que permaneció acostado. Al lo largo de su vida, vivió con problemas en la espalda y la postura, también generados por una caída desde el andamio que el artista sufrió.

Después de la muerte de Julio II en mayo de 1513, el artista acomete un segundo intento de llevar a cabo la obra del mausoleo del Pontífice. Durante tres años (1513-16), Miguel Ángel trabajó sin interferencias en la tumba, concluyendo entonces la gran estatua sedente de Moisés con las Tablas de la Ley, así como el Esclavo agonizante y el Esclavo rebelde, ambos en el Museo del Louvre, París, que reflejan, con atormentada energía, la terribilità michelangiolesca. Pero este segundo intento tampoco prosperó.

En 1516, por encargo de León X, inicia la fachada de San Lorenzo, trabajo que tendrá que abandonar con gran amargura en 1520. Del proyecto original se conservan numerosos dibujos y una maqueta de madera. A partir de 1520 y hasta 1530, Miguel Ángel se dedica en Florencia a la construcción de la Sacristía Nueva de San Lorenzo y de la Biblioteca Laurenciana, en especial la escalera. Después del saqueo de Roma en 1527 y la expulsión de los Médicis en Florencia, y como hecho meramente anecdótico, Miguel Ángel formó parte del gobierno de esta República, siendo nombrado "gobernador y procurador general de la fabricación y fortificación de las murallas", participando en la defensa de la ciudad asediada por las tropas papales. Con la caída de la República en 1530, el perdón de Clemente VII le salvó de la venganza de los partidarios de los Médicis. A partir de ese año retoma los trabajos de la Sacristía Nueva y del sepulcro de Julio II.

En 1534, a disgusto con la nueva situación política de Florencia, abandona la ciudad estableciéndose definitivamente en Roma, donde acepta el encargo de Clemente VII, para el altar de la Capilla Sixtina, donde realiza el Juicio Final, entre 1536 y el otoño de 1541.

Hacia 1539 entabló una apasionada amistad con Vittoria Colonna, a quien estimó enormemente, y quien tuvo sobre él una gran influencia. Miguel Ángel le dedicó varios de sus sonetos y la retrató en numerosos dibujos.

En 1540 Vittoria le pidió un pequeño cuadro de la Crucifixión que le ayudara en sus oraciones privadas. Tras presentarle varios bocetos, que se conservan en el British Museum y en Louvre, el artista gustoso le pintó un pequeño Calvario quedando Vittoria muy complacida por la espiritualidad de las figuras. En ese momento sólo eran Cristo, la Virgen y la Magdalena.

En 1547 falleció Vittoria y tal era el afecto que Miguel Ángel le profesaba que recuperó el cuadro y la incluyó como María Magdalena abrazando la cruz de Cristo y portando sobre los hombros un pañuelo símbolo de su viudez. A pesar de que se perdió el cuadro original, tenemos muchos dibujos y copias hechas por discípulos de Miguel Ángel. Una de esas copias, que algunos históricos atribuyen a Miguel Ángel, se encuentra en España en la Concatedral de Santa María de la Redonda de Logroño.

Terminado el Juicio Final, el papa Pablo III le encarga la pintura de dos grandes frescos en la nueva Capilla Paulina del Vaticano, pero antes tenía que acabar la tumba de Julio II, lo que motivó un nuevo contrato en 1542, quedando saldado el encargo entre 1544 y 1545 con las dos nuevas figuras: Lía y Raquel. De 1542 a 1550 trabajó en los frescos de la Capilla Paulina: La conversión de san Pablo y El Martirio de San Pedro.

En 1546, a la muerte de Antonio de Sangallo, le sucede en el cargo de arquitecto jefe de San Pedro y se dedicó, de ahí hasta su muerte 18 años más tarde, a la arquitectura y al dibujo. Entre sus trabajos de arquitectura, cabe citar que dirigió las obras de la Biblioteca Laurenciana, que todavía continuaba, la remodelación de la plaza del Capitolio; la capilla Sforza de Santa María la Mayor; la finalización del palacio Farnesio; y, sobre todo, la finalización de la Basílica de San Pedro del Vaticano. De esta época son las últimas esculturas como la Piedad florentina, Piedad Palestrina o la Piedad Rondanini, así como numerosos dibujos, y poesías de inspiración religiosa.

El 18 de febrero de 1564, falleció Miguel Ángel, a la edad de ochenta y ocho años. Fue enterrado en la iglesia de los Santos Apóstoles de Roma. Más tarde, su cuerpo fue robado y llevado a Florencia, donde está enterrado actualmente en la iglesia de Santa Croce. Fue Giorgio Vasari el encargado de diseñar el monumento que está sobre su tumba y comprende tres figuras llorosas que representan la pintura, la escultura y la arquitectura.

Según Cellini, en una disputa con Miguel Ángel, Torrigiano le dio un puñetazo en la nariz, causándole una desfiguración.

martes, 29 de noviembre de 2011



                                    La verdadera historia de Los Pincheira
No fueron los Robin Hood del campo ni un grupo de vulgares forajidos. Los hermanos Antonio, Santos, Pablo y Jose Antonio Pincheira se alzaron contra las tropas patriotas en 1817 y durante 15 años mantuvieron una guerrilla en nombre del rey. Asaltaron, saquearon y robaron mujeres a cambio de recompensa. Sus correrias llegaron hasta Buenos Aires y fueron un problema sin solucion para el gobierno.


Hicieron suya la causa realista durante la guerra de Independencia de Chile. Todos fueron hijos de Martín Pincheira.

Los hermanos Antonio, Santos, Pablo y Jose Antonio Pincheira se alzaron contra las tropas patriotas en 1817 y durante 15 años mantuvieron una guerrilla en nombre del rey. Asaltaron, saquearon y robaron mujeres a cambio de recompensa. Sus correrias llegaron hasta Buenos Aires y fueron un problema sin solucion para el gobierno.
Si en un principio la banda la integraron principalmente campesinos, pronto se unieron otros miembros. La persecucion de sospechosos realistas por parte de los patriotas y los infaltables abusos de poder llevaron a muchos a unirse a los rebeldes. Parte de la tropa independentista, "exasperada de la necesidad y falta de sueldo", segun informes de la epoca, fue a dar tambien a sus filas.

De esa forma, el contingente de Los Pincheira crecio y se transformo en una gran fuerza. Los informes hablan de entre 500 y 1000 hombre. En sus huestes tambien entraron bandidos netos, ex presidiarios y una fauna de fugados de la ley. Pero pese a ello, subraya Ana Maria Contador, la banda mantuvo una estructura militar, donde el mas alto rango lo ocuparon siempre los hermanos Pincheira.

Entre 1817 y 1832 asaltaron numerosas veces Chillan, Parral, Linares hasta llegar a Talca, Curico y San Fernando. Durante dos años, y tras una emboscada patriota, se radicaron en Argentina y sus correrias alcanzaron a "Mendoza, San Luis, Cordoba, Santa Fe i Buenos Aires", segun Barros Arana.

Los Pincheira fueron un problema sin solucion para el gobierno. Ademas de los enfrentamientos armados, el Ejercito recurrio a multiples tacticas para destruirlos, desde infiltrar espias para crear intrigas entre los hermanos hasta introducir botellas de alcohol con el virus de la viruela en sus filas. Pero nada lograba resultados.

Hacia 1832 Antonio habia muerto en una batalla y Santos en un accidente en la cordillera, y los Pincheira se mantenian como el ultimo bastion realista de Sudamerica. El gobierno propuso conversar de paz y Jose Antonio accedio. Fatal error; Manuel Bulnes aprovecho la confianza establecida y en una emboscada arraso con ellos. Pablo fue fusilado y Jose Antonio escapo, pero al final se entrego.

Contratado como empleado en la hacienda del presidente Jose Joaquin Prieto, el ultimo de los Pincheira murio anciano, rodeado de hijos y de leyenda
Los Castillos de los Pincheira
A tan sólo 27 kilómetros de la Ciudad de Malargüe nos encontramos con lo s Castillos de Pincheira, un espacio de naturaleza y de leyenda con maravillosas postales de valle y montaña. Estos gigantescos monumentos naturales integran una lista de destinos turísticos locales que los mendocinos tenemos el privilegio de poder visitar cualquier fin de semana.
Los Castillos de Pincheira son una formación natural singular, parecida a una construcción del medioevo con torres en derredor, que se erigió sobre la roca caliza por la acción erosiva de los vientos y del río. Un desvío de la Ruta 40 (hacia el oeste por la calle Fortín Malargüe) conduce a este conocido sitio a través de un pintoresco trayecto de coloridos sorprendentes en el que podemos disfrutar del contraste entre la aridez típica de Mendoza y los rincones reverdecidos y arbolados por tanta agua que baja de las montañas. Al borde del camino de ripio -en muy buen estado- la jarilla inunda el ambiente y la flora autóctona hace gala de aromas y colores.
En este lugar dice la leyenda que los Pincheira se escondian ,por eso el nombre de Los Castillos de Pincheira                                              

sábado, 19 de noviembre de 2011

La historia de Ulises ,Le habían predicho que moriría a manos de su hijo

La mitología es un conjunto de mitos .Los mitos son relatos basados en la tradición y en la leyenda creados para explicar el universo, el origen del mundo, los fenómenos naturales y cualquier cosa para la que no haya una explicación simple
Ulises
Hijo de Laertes y de Anticlea, era rey de la isla de Itaca y de la de Dulicio, llamada aquélla hoy Théaki. Cuando nació rogaron sus padres a su abuelo Antolico, hijo de Mercurio, que le pusiese nombre, y éste contestó: Fui en otros tiempos el terror de la tierra; que de ahí se deduzca el nombre del niño, y que se llame Ulises, que significa ser temido. Fue un príncipe sagaz, astuto y prudente, que en la guerra de Troya contribuyó más al triunfo de los griegos con la astucia que lo hicieron los otros con sus proezas. Había eludido por todos medios partir para aquella expedición, por estar recién casado con la hermosa Penélope, hija de Ícaro, rey de Esparta, pero no le valieron. Terminada la guerra de Troya, emprendió su viaje de vuelta, el que fue tan desgraciado y lleno de contratiempos, que este viaje ha dado materia al insigne poeta griego Homero para un famoso poema titulado la «Odisea». Echóle primero el temporal sobre las costas de Tracia, volvió a salir a la mar, y los vendavales le llevaron a África, al país de los Lotófagos, así llamado por crecer allí el árbol Lotos, cuya fruta es tan agradable que hace olvidar su patria al forastero que la come; por lo cual es ese árbol el símbolo del olvido. Perdió allí a varios de sus compañeros, y pasó a Sicilia, en donde el cíclope Polifemo, que no tenía más que un ojo, y éste en medio de la frente, se engulló otros cuantos; Ulises le emborrachó, le saltó su ojo y huyó, llegando a la mansión de Eolo, dios de los vientos, que por complacerlo encerró en pellejos aquellos que le eran contrarios; pero sus compañeros, curiosos de ver lo que contenían aquellos pellejos, los abrieron, saliendo de ellos furiosos vientos contrarios, que echaron las naves de Ulises sobre una costa en que encontró a la famosa hechicera Circe, que después de convertir a sus compañeros en toda clase de animales, le encantó de tal suerte a él, que olvidó que estaba casado con su querida Penélope; se casó con ella, y tuvieron un hijo, que se llamó Telégono. No obstante, merced a una hierba que le dio Mercurio, llamada «moli», escapó al hechizo de Circe, así como a la atracción del abismo de Caribdis y a las seducciones del canto de las Sirenas, precaviendo de ellas a sus compañeros tapándoles los oídos con cera; pero Neptuno, resentido con él por haberle saltado el ojo a su querido y precioso hijo Polifemo, embraveció los mares e hizo naufragar su esquife, salvándose sólo Ulises, que a nado llegó a la isla Ogigia, donde halló a la ninfa Calipso, que le retuvo siete años; pero viendo que no hacía más que llorar por su patria, por su mujer y su hijo, al cabo de estos siete años le proporcionó un barco en el que pudiese regresar a sus lares. Después de veinte años de ausencia arribó al fin a Ítaca, en donde nadie le reconoció, sino un pobrecito perro viejo que al verle murió de alegría. Entretanto, creyendo viuda a la hermosa Penélope, habían acudido infinidad de pretendientes que la ostigaban a que eligiese entre ellos un marido, y se volviese a casar; Penélope, que no perdía las esperanzas de volver a ver a su querido Ulises, les respondía que no contraería segundas nupcias hasta concluir de bordar una tela que había destinado para mortaja de su suegro Laertes. Bordaba de día, y de noche desbarataba lo que había hecho, para que no se concluyese su obra, por lo cual se dice de lo que se empieza y no se acaba, a pesar de trabajar en ello, que es «la tela de Penélope». Ulises se dio a conocer a su hijo Telémaco y a algunos criados antiguos, y ayudado por ellos mató a todos los pretendientes de su mujer, pues ya sabéis, niños míos, que los griegos se mataban unos a otros con la mayor facilidad. Su hijo Telémaco había hecho infructuosamente un viaje para buscar a su padre, acompañado por un anciano sabio y respetable, llamado Mentor, lo que ha dado pábulo a un docto eclesiástico francés, llamado Fenelón, para escribir una obra de gran mérito para enseñanza de los príncipes.
El fin de Ulises fue triste. Le habían predicho que moriría a manos de su hijo; esta profecía le inquietaba. Circe envió a Telégono en busca de su padre. Desembarcó con su tripulación en Ítaca; creyéndolos piratas, los quisieron rechazar los isleños; trabóse un combate, en el que Telégono mató a su padre sin conocerlo. Después de muerto le tributaron los honores que llaman heroicos, y aun tuvo un oráculo en Etolia.