martes, 29 de noviembre de 2011



                                    La verdadera historia de Los Pincheira
No fueron los Robin Hood del campo ni un grupo de vulgares forajidos. Los hermanos Antonio, Santos, Pablo y Jose Antonio Pincheira se alzaron contra las tropas patriotas en 1817 y durante 15 años mantuvieron una guerrilla en nombre del rey. Asaltaron, saquearon y robaron mujeres a cambio de recompensa. Sus correrias llegaron hasta Buenos Aires y fueron un problema sin solucion para el gobierno.


Hicieron suya la causa realista durante la guerra de Independencia de Chile. Todos fueron hijos de Martín Pincheira.

Los hermanos Antonio, Santos, Pablo y Jose Antonio Pincheira se alzaron contra las tropas patriotas en 1817 y durante 15 años mantuvieron una guerrilla en nombre del rey. Asaltaron, saquearon y robaron mujeres a cambio de recompensa. Sus correrias llegaron hasta Buenos Aires y fueron un problema sin solucion para el gobierno.
Si en un principio la banda la integraron principalmente campesinos, pronto se unieron otros miembros. La persecucion de sospechosos realistas por parte de los patriotas y los infaltables abusos de poder llevaron a muchos a unirse a los rebeldes. Parte de la tropa independentista, "exasperada de la necesidad y falta de sueldo", segun informes de la epoca, fue a dar tambien a sus filas.

De esa forma, el contingente de Los Pincheira crecio y se transformo en una gran fuerza. Los informes hablan de entre 500 y 1000 hombre. En sus huestes tambien entraron bandidos netos, ex presidiarios y una fauna de fugados de la ley. Pero pese a ello, subraya Ana Maria Contador, la banda mantuvo una estructura militar, donde el mas alto rango lo ocuparon siempre los hermanos Pincheira.

Entre 1817 y 1832 asaltaron numerosas veces Chillan, Parral, Linares hasta llegar a Talca, Curico y San Fernando. Durante dos años, y tras una emboscada patriota, se radicaron en Argentina y sus correrias alcanzaron a "Mendoza, San Luis, Cordoba, Santa Fe i Buenos Aires", segun Barros Arana.

Los Pincheira fueron un problema sin solucion para el gobierno. Ademas de los enfrentamientos armados, el Ejercito recurrio a multiples tacticas para destruirlos, desde infiltrar espias para crear intrigas entre los hermanos hasta introducir botellas de alcohol con el virus de la viruela en sus filas. Pero nada lograba resultados.

Hacia 1832 Antonio habia muerto en una batalla y Santos en un accidente en la cordillera, y los Pincheira se mantenian como el ultimo bastion realista de Sudamerica. El gobierno propuso conversar de paz y Jose Antonio accedio. Fatal error; Manuel Bulnes aprovecho la confianza establecida y en una emboscada arraso con ellos. Pablo fue fusilado y Jose Antonio escapo, pero al final se entrego.

Contratado como empleado en la hacienda del presidente Jose Joaquin Prieto, el ultimo de los Pincheira murio anciano, rodeado de hijos y de leyenda
Los Castillos de los Pincheira
A tan sólo 27 kilómetros de la Ciudad de Malargüe nos encontramos con lo s Castillos de Pincheira, un espacio de naturaleza y de leyenda con maravillosas postales de valle y montaña. Estos gigantescos monumentos naturales integran una lista de destinos turísticos locales que los mendocinos tenemos el privilegio de poder visitar cualquier fin de semana.
Los Castillos de Pincheira son una formación natural singular, parecida a una construcción del medioevo con torres en derredor, que se erigió sobre la roca caliza por la acción erosiva de los vientos y del río. Un desvío de la Ruta 40 (hacia el oeste por la calle Fortín Malargüe) conduce a este conocido sitio a través de un pintoresco trayecto de coloridos sorprendentes en el que podemos disfrutar del contraste entre la aridez típica de Mendoza y los rincones reverdecidos y arbolados por tanta agua que baja de las montañas. Al borde del camino de ripio -en muy buen estado- la jarilla inunda el ambiente y la flora autóctona hace gala de aromas y colores.
En este lugar dice la leyenda que los Pincheira se escondian ,por eso el nombre de Los Castillos de Pincheira                                              

sábado, 19 de noviembre de 2011

La historia de Ulises ,Le habían predicho que moriría a manos de su hijo

La mitología es un conjunto de mitos .Los mitos son relatos basados en la tradición y en la leyenda creados para explicar el universo, el origen del mundo, los fenómenos naturales y cualquier cosa para la que no haya una explicación simple
Ulises
Hijo de Laertes y de Anticlea, era rey de la isla de Itaca y de la de Dulicio, llamada aquélla hoy Théaki. Cuando nació rogaron sus padres a su abuelo Antolico, hijo de Mercurio, que le pusiese nombre, y éste contestó: Fui en otros tiempos el terror de la tierra; que de ahí se deduzca el nombre del niño, y que se llame Ulises, que significa ser temido. Fue un príncipe sagaz, astuto y prudente, que en la guerra de Troya contribuyó más al triunfo de los griegos con la astucia que lo hicieron los otros con sus proezas. Había eludido por todos medios partir para aquella expedición, por estar recién casado con la hermosa Penélope, hija de Ícaro, rey de Esparta, pero no le valieron. Terminada la guerra de Troya, emprendió su viaje de vuelta, el que fue tan desgraciado y lleno de contratiempos, que este viaje ha dado materia al insigne poeta griego Homero para un famoso poema titulado la «Odisea». Echóle primero el temporal sobre las costas de Tracia, volvió a salir a la mar, y los vendavales le llevaron a África, al país de los Lotófagos, así llamado por crecer allí el árbol Lotos, cuya fruta es tan agradable que hace olvidar su patria al forastero que la come; por lo cual es ese árbol el símbolo del olvido. Perdió allí a varios de sus compañeros, y pasó a Sicilia, en donde el cíclope Polifemo, que no tenía más que un ojo, y éste en medio de la frente, se engulló otros cuantos; Ulises le emborrachó, le saltó su ojo y huyó, llegando a la mansión de Eolo, dios de los vientos, que por complacerlo encerró en pellejos aquellos que le eran contrarios; pero sus compañeros, curiosos de ver lo que contenían aquellos pellejos, los abrieron, saliendo de ellos furiosos vientos contrarios, que echaron las naves de Ulises sobre una costa en que encontró a la famosa hechicera Circe, que después de convertir a sus compañeros en toda clase de animales, le encantó de tal suerte a él, que olvidó que estaba casado con su querida Penélope; se casó con ella, y tuvieron un hijo, que se llamó Telégono. No obstante, merced a una hierba que le dio Mercurio, llamada «moli», escapó al hechizo de Circe, así como a la atracción del abismo de Caribdis y a las seducciones del canto de las Sirenas, precaviendo de ellas a sus compañeros tapándoles los oídos con cera; pero Neptuno, resentido con él por haberle saltado el ojo a su querido y precioso hijo Polifemo, embraveció los mares e hizo naufragar su esquife, salvándose sólo Ulises, que a nado llegó a la isla Ogigia, donde halló a la ninfa Calipso, que le retuvo siete años; pero viendo que no hacía más que llorar por su patria, por su mujer y su hijo, al cabo de estos siete años le proporcionó un barco en el que pudiese regresar a sus lares. Después de veinte años de ausencia arribó al fin a Ítaca, en donde nadie le reconoció, sino un pobrecito perro viejo que al verle murió de alegría. Entretanto, creyendo viuda a la hermosa Penélope, habían acudido infinidad de pretendientes que la ostigaban a que eligiese entre ellos un marido, y se volviese a casar; Penélope, que no perdía las esperanzas de volver a ver a su querido Ulises, les respondía que no contraería segundas nupcias hasta concluir de bordar una tela que había destinado para mortaja de su suegro Laertes. Bordaba de día, y de noche desbarataba lo que había hecho, para que no se concluyese su obra, por lo cual se dice de lo que se empieza y no se acaba, a pesar de trabajar en ello, que es «la tela de Penélope». Ulises se dio a conocer a su hijo Telémaco y a algunos criados antiguos, y ayudado por ellos mató a todos los pretendientes de su mujer, pues ya sabéis, niños míos, que los griegos se mataban unos a otros con la mayor facilidad. Su hijo Telémaco había hecho infructuosamente un viaje para buscar a su padre, acompañado por un anciano sabio y respetable, llamado Mentor, lo que ha dado pábulo a un docto eclesiástico francés, llamado Fenelón, para escribir una obra de gran mérito para enseñanza de los príncipes.
El fin de Ulises fue triste. Le habían predicho que moriría a manos de su hijo; esta profecía le inquietaba. Circe envió a Telégono en busca de su padre. Desembarcó con su tripulación en Ítaca; creyéndolos piratas, los quisieron rechazar los isleños; trabóse un combate, en el que Telégono mató a su padre sin conocerlo. Después de muerto le tributaron los honores que llaman heroicos, y aun tuvo un oráculo en Etolia.